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    • Vinos libres en Mendoza: Charly García y la apuesta por la viña sin poda

    • Autor: Staff CQAP
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    • En Perdriel, Mendoza, Charly García y su equipo recuperaron una finca para plantar Garnacha, Carignan y Roussanne y fabricar vinos con conducción sin poda.

    • En un rincón de Perdriel, Mendoza, Ricardo, conocido como Charly García, transformó la asesoría en un proyecto propio. En 2018, junto a su esposa y a un amigo, volcó años de experiencia en viñedos para recuperar una finca familiar y buscar una expresión distinta de la región histórica de Luján de Cuyo.

      La propiedad, Viñedos El Mirlo, formó parte de un proceso de recuperación: ""Recolonizamos la tierra y plantamos los viñedos, primero con el objetivo de vender uvas. Obtuvimos buenos rindes y calidad, lo que nos permitió abastecer a distintas bodegas"", recuerda García sobre aquellos primeros pasos.

      El equipo se define como pequeño y orientado a la sustentabilidad. ""Somos una empresa muy pequeña, que trabaja con prácticas sustentables"", dice, y apunta al contraste: Luján de Cuyo sigue siendo tierra de Malbec, pero por los efectos de la crisis muchas fincas fueron abandonadas.

      La búsqueda de diferencias no se limitó a la escala: incluyó un giro varietal y técnico. García, con experiencia en Europa, incorporó Garnacha, Monastrell y Carignan entre las tintas y Roussanne en blancas, reservando alrededor de 1,5 hectáreas a esas alternativas dentro de un total de siete hectáreas donde Malbec y las dos Cabernet ocupan la mayor superficie.

      El cambio también pasó por la conducción de la vid. ""Trabajamos con formas más libres, con mayor expansión vegetativa, sin poda o con intervenciones mínimas. Buscamos que la planta exprese su hábito botánico"", describe. Ese manejo genera vasos abiertos, estructuras voluminosas y plantas con más madera, una intención explícita de dejar que la vid muestre su naturalidad.

      Los resultados hablan de matices: en Malbec, mayor frescura y taninos diferentes; en Carignan, ensayos con menor poda y brotes decumbentes redujeron el peso del grano de 1,8 a 1,3 gramos y aumentaron la concentración sin perder productividad, porque el número de racimos compensó la merma.

      La transición hacia la elaboración propia arrancó con el primer vino en 2022 y un crecimiento paulatino. ""Buscamos elaborar vinos rebeldes, saliendo de la autopista. Esa es nuestra filosofía"", afirma García. Producen acotadamente —este año proyectan unas 5.000 botellas con la mira puesta en 15.000 a 20.000 a mediano plazo— y zonifican el viñedo hasta sacar múltiples expresiones de 0,3 hectárea: ""En 0,3 hectárea hicimos seis tipos de vinos"".

      El avance comercial estuvo ligado a redes: el grupo CREA Vignerons ayudó a abrir mercados, con una feria en Buenos Aires a fines de 2024 donde, dicen, ""Nos fue muy bien"". Con la vista puesta fuera del país, esperan la visita de exportadores y consideran que, aunque el volumen es aún modesto, ""Tal vez podamos enviar un pallet. No tenemos mucho volumen, pero es interesante tener un pie afuera"".

      Al final, la consigna de García resume el desafío: ""Hay que crecer a demanda y ser sólidos en lo técnico y conceptual para permanecer más allá de la novedad"".